crítica Nunatak y las Flores Salvajes

La vida no es una línea recta. Está llena de matices, episodios que divididos en capítulos con un protagonista común, actores secundarios y un reparto que viene y va. 

Adrián (voz principal y guitarra), Gonzalo (guitarra y coros),  Alex Dumdaca (batería), Nando (bajo), Pedro (teclado y coros) y Jose Manuel (percusión y coros) son un grupo de chicos sencillos, no simples, que apuestan por valorar los pequeños detalles. Un lema de moda en nuestros días convertido en un gancho comercial. Nunatak lo ha dotado de sentido en este nuevo trabajo.

Nunatak y las Flores Salvajes (Warner Music Spain, 2019) es como la vida misma, una aceptación plena de los hechos cotidianos y la volatilidad que reina hoy en día. Describe relaciones (no sabemos hasta qué punto las propias de los miembros de la banda) entre padres e hijos, entre parejas, sociopolíticas o con la naturaleza. 

Deconstruyen la masculinidad tóxica, abogan por la vuelta a las raíces, a la tierra que les ha visto nacer y crecer combinando com elementos tan de su Murcia natal como los Auroros, y encuentran un hueco para abrazar su lado más friki. Ese que todos tenemos y tanto nos cuesta reconocer.

Destacaría de este disco como han sabido darle el toque perfecto a casa letra con la música adecuada. Los acordes áridos del folk, las blueseras canciones dedicadas al trabajo o la burbuja fantástica que crean sintetizador, guitarra y teclado. 

No voy a hablaros de temas concretos, no les haría justicia. Os invita a disfrutar con una escucha calmada, atenta, Nunatak y las Flores Salvajes.